
Y si lo consigo, si me bendice el Emperador, podré dejarme rastas, no lavarme el pelo y tener por fin la excusa perfecta para calzarme un gorro de lana que me tape esta tonsura mía, católica integrista, querámoslo o no.
Lo más divertido del día, aparte de ver cómo la lluvía deja de caer durante unos instantes y aparece un sol de justicia, son las visitas a los mercados. Hay uno que prácticamente está sobre el agua, construido sobre pilares anclados en el río, a la manera de Bankgok. Es muy difícil hacer fotos dentro porque hay que utilizar flash y, ya sabéis, se mosquean. Por cierto, el pescado fresquísimo y no huele nada, pero nada. Espero que saber sí sepa. Las únicas tomas que he podido sacar son las de los ferrys llegando con los compradores. Por cierto, la medida de obligarles a utilizar chalecos salvavidas debe de ser reciente, porque se quejan sistemáticamente. Supongo que, primero por el calor y, segundo, por la cantidad de gente que se pone y se quita el mismo chaleco. Deberían hervirse los salvavidas después de cada paso del río.
Y después, a comprar. (Tengo un problema con la escritura en este extraño formato de blog: yo escribo a vomitonas, como me va saliendo y aquí tengo que detenerme cada dos por tres para subir las fotos, que ya he dicho tardan la intemerata; después o se me olvida o me aburre lo que tenía que decir; espero que sepáis disculparme). A comprar:
Bueno, precisamente éstos no son los que compran: son los que se ponen en un lateral del mercado, como expresamente dispuesto para ellos, a pedir limosna, o tabaco. Suelen estar los más tirados pero no los más locos, que demuestran muchísimo mayor empeño en mezclarse con la gente.
Si os fijáis bien, si la textura os permite fijaos bien, al fondo hay un rasta (el último tipo que se ve): es mi cerillero y ya hemos logrado saludarnos a su estilo, que no es fácil. Se trata de chocar puño contra puño, pero sin que los nudillos choquen sino que el nudillo de uno entre en el espacio internudillar del otro; jodido, realmente jodido y, por qué no decirlo, un tanto machihembrado el saludito. Este es el cerillero.
Y lo mismo podría decirse de toda la galería de personajes que expongo a continuación. Son gente de mercado, eso es todo. Probablemente, a su manera felices.¿Qué coño vende el tío de aquí abajo? ¿Alguno podrías decirlo?

Pero nada de asustarse. También hay sitios chic para comprar: el siguiente es un lateral del mercado muy concurrido por los pijos: hay ropa de marca para todos los gustos, aunque mayoritariamente proveniente de sus colecciones deportivas o inspiradas en el deporte.












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