jueves, 31 de mayo de 2007

MERCADOS



El Dios-Emperador de los Rastafaris. Que nos guíe. Un saludo normal por la mañana:
-¡Wayo, how are you?!
-Good. I'm blessed -es la respueta.
Estoy bendecido. Me imagino que la bendición provendrá de ese tipo pintado en el muro, ese fresco, podríamos decir. Que las siga repartiendo. Puedo que pronto me toque a mí, la bendición.

Y si lo consigo, si me bendice el Emperador, podré dejarme rastas, no lavarme el pelo y tener por fin la excusa perfecta para calzarme un gorro de lana que me tape esta tonsura mía, católica integrista, querámoslo o no.

Lo más divertido del día, aparte de ver cómo la lluvía deja de caer durante unos instantes y aparece un sol de justicia, son las visitas a los mercados. Hay uno que prácticamente está sobre el agua, construido sobre pilares anclados en el río, a la manera de Bankgok. Es muy difícil hacer fotos dentro porque hay que utilizar flash y, ya sabéis, se mosquean. Por cierto, el pescado fresquísimo y no huele nada, pero nada. Espero que saber sí sepa. Las únicas tomas que he podido sacar son las de los ferrys llegando con los compradores. Por cierto, la medida de obligarles a utilizar chalecos salvavidas debe de ser reciente, porque se quejan sistemáticamente. Supongo que, primero por el calor y, segundo, por la cantidad de gente que se pone y se quita el mismo chaleco. Deberían hervirse los salvavidas después de cada paso del río.





























Y después, a comprar. (Tengo un problema con la escritura en este extraño formato de blog: yo escribo a vomitonas, como me va saliendo y aquí tengo que detenerme cada dos por tres para subir las fotos, que ya he dicho tardan la intemerata; después o se me olvida o me aburre lo que tenía que decir; espero que sepáis disculparme). A comprar:






























Bueno, precisamente éstos no son los que compran: son los que se ponen en un lateral del mercado, como expresamente dispuesto para ellos, a pedir limosna, o tabaco. Suelen estar los más tirados pero no los más locos, que demuestran muchísimo mayor empeño en mezclarse con la gente.

No está muy claro, porque es muy jodido llevar la cámara colgando y tirar fotos a la buena de dios; lo mejor que te puede pasar es que te salga mucho, mucho cielo y te haga contraluz. Los negros al contraluz son imposibles de iluminar: ya se quejaba Nestor Almendros de tal hecho. Tendremos la oportunidad de ver muchos más contraluces de esos, de los que te obligan a mover la pantalla del ordenador para obtener un poquito más de brillo, un reflejo menos. I'm so sorry.



Si os fijáis bien, si la textura os permite fijaos bien, al fondo hay un rasta (el último tipo que se ve): es mi cerillero y ya hemos logrado saludarnos a su estilo, que no es fácil. Se trata de chocar puño contra puño, pero sin que los nudillos choquen sino que el nudillo de uno entre en el espacio internudillar del otro; jodido, realmente jodido y, por qué no decirlo, un tanto machihembrado el saludito. Este es el cerillero.




















Y muy cerca de él pace otro tipo que siempre está riendo, aunque nunca cambia de sombrero. Los dos están a cualquier hora en el mercado (deben vivir allí; lo sigo en serio: el mercado funciona las veinticuatro horas del día.





















Y junto a ellos alguien que no necesita descripción; tal vez no se aprecie muy bien el tocado, pero merece la pena hacer un esfuerzo visual y escudriñar; pensad también en lo que piensa cada mañana el tipo al salir de su casa.
Y lo mismo podría decirse de toda la galería de personajes que expongo a continuación. Son gente de mercado, eso es todo. Probablemente, a su manera felices.
















¿Qué coño vende el tío de aquí abajo? ¿Alguno podrías decirlo?














Pero nada de asustarse. También hay sitios chic para comprar: el siguiente es un lateral del mercado muy concurrido por los pijos: hay ropa de marca para todos los gustos, aunque mayoritariamente proveniente de sus colecciones deportivas o inspiradas en el deporte.





Aunque, para mi gusto, la tienda más elegante de todas, y creo que en Fallas le darían un premio, es la siguiente. Huele a sándalo, a curry, a otras especias que no se nombrar y a perfume, intenso, de las dependientas.

















Y si hemos empezado con un Dios-Emperador, ¿por qué no terminar con otro? Es la única estatua que he visto en Georgetown (aunque dicen que hay otra). Se trata, creo, del dios de los camareros y camareras, incluidos los de los establecimientos fast-food.


Es horripilante, ¿que no?
Como véis, cada vez más fotos y menos chicha. Estoy en calma idem. Todo llegará. Besos para todos. Hasta mañana.

Ciao.