
Fuera lo que fuese lo que ayer dijere, rectifico: lleva lloviendo 29 horas y tres cuartos (con dos breves intervalos de unos quince minutos sin lluvia, pero sin sol) y lo peor, no tiene pinta de parar. Yo sabía que venía a la rain forest y que venía en temporada de lluvias, pero pensaba que era una temporada de lluvias para humanos, como las centroamericanas: llueve dos o tres horas, para y sale un sol cojonudo que da un nuevo color a todo. Pero no. No en Guyana. No en el Amazonas. Aquí llueve. Hoy ni siquiera he podido pasar el día en Jerries the Best, porque se ha inundado: estaba sentado en mi caja de cervezas contemplando la lluvia y, cuando he empezado a flotar y la mejor empleada de Jerries me ha dicho que chapaban y que me pirara. No tenía opción. Me he tomado el último café con agua hasta la rodilla y me he tirado a la calle.
La primera foto no está desenfocada. Es lluvia y no en uno de sus peores momentos. La segunda, ésta de aquí al lado, es la entrada de mi casa: cuarenta centímetros de agua. Y así en toda la ciudad.Hay varias formas de enfrentarse a esos charcos profundos como pensamientos kantianos: te quitas los zapatos, cruzas, y te los vuelves a poner; pasas con los zapatos puestos y que el diablo se lleve el reuma; te calzas unas botas katiuskas de caña alta, o te decides a tirarte todo el día con chanclas de dedo bajo la lluvia.
Me he decidido por lo último. No podía quedarme en casa. De modo que... chanclas y a navegar por Georgetown.


La verdad es que a la gente no parece importarle mucho que llueva o no. O sí le importa pero disimula. He visto a una señora, negra como un tizón, en bragas y sujetador pero cubierta con un bolsa de plástico transparente. En otra bolsa de plástico, negra esta vez, llevaba un bulto que tenía pinta de ser su ropa: imagino que quería llegar al trabajo con la ropa seca. No le he hecho una foto porque me ha dado vergüenza.
Como a los rastas: no les gusta nada que les fotografíen (y con razón), pero la verdad es que son, en su mayoría amables (aunque algunos te miren con cara de escupidores). Tanto es así, que al ir a comprarle tabaco a uno de ellos que tiene un puestecito, me ha preguntado si fumaba grass, hierba, maría, brother, y, mintiendo, le he dicho que de vez en cuando. me ha enviado a una barber shop para que dijera que iba de su parte (lleva comisión). En la barber shop, aunque no he entrado, olía como en el paraiso etíope de Hayleselassi (sic). Era pura hierba de las entrañas amazónicas. Sólo me he atrevido a fotografiar su display publicitario.
Juro que lo he intentado varias veces y no he podido introducir la foto. Sigo con la lluvia y más tarde intentaré subir la imagen de la barber shop.
La lluvia no es tan aburrida como parece. Es hipnótica. Ofrece múltiples y sutiles variaciones: de grado, de intensidad, de derrota (en el sentido marinero), de negrura. Los insectos se vuelven locos. las moscas te confunden con un indefenso equino, los mosquitos se convierten en psicóticos acosadores, los pájaros les imitan con intención de agarrarles, las flores de los flamboyanes, a pesar de que Darwin et alie dicen que deberían estar adaptadas, caen por doquier. La lluvia tiene mucho que mirar, aunque moja.
Lo siento. First synthom of "daiarria", I'm coming back in a minute.
Ya he vuelto del baño (nada serio de verdad), donde por cierto (en el suelo del baño) el agua se ha filtrado entre las tablas y merecería alguien más hacendoso que yo que cogiera la fregona (no sé si tengo) y lo secara. Intentaré de nuevo la imagen de la barbershop.
Nada, no me permite hoy introducir más imágenes. Mañana será. Tengo muchas cosas que contar. Mañana mismo prometo un cuento, un relato, vamos, de una serie que estoy escribiendo (algunos borradores ya tienen varios años) sobre el trópico. Un cuento excitante, húmedo, caliente, sudoroso. Un cuento, vamos. Lo prometo.
Sigue lloviendo. Me gustaría poder envíar un video o una banda sonora para que supiérais cómo suena la lluvia torrencial en la uralita. No se escucha la radio, no se escucha tu respiración. Tan sólo la respiración de aquellos a quien amas. (Por cierto, esta última frase me recuerda que ayer termine las líneas con una cursilería: I'm sorry, the rain, the lonliness (sic). Voy al baño otra vez (second synthom) e intento de nuevo meter más fotos.
No hay manera (en el baño, sí; en las fotos no: ni siquiera me acepta el comando de introducir imagen; no lo entiendo).
I've got it!!! Lo conseguí. Esta es la barber shop de Hazel, donde huele a maría de la rasta. Un éxito. La barber y mi hazaña de subir la imagen.
Ahora me animo a seguir.
A petición del público, me he decidido a mostrar algo bonito de esta ciudad. He tenido que buscar un poco, no lo niego, pero para los futuros turistas, ahí van un par de imágenes que, a mí por lo menos, me enternecen.

La de la izquierda es, evidentemente una church y, según repiten todos los mendigos, the largest wooden building in the world, el mayor edificio de madera del mundo. Algunos lo creemos.
Sigue lloviendo. Ya son... 33 horas de lluvia irreparable. Un mundo. Lo peor de la lluvia es por la noche. No sólo porque hace ruido... es que provoca otros ruidos: los perros aúllan, se encojonan, se responden entre sí... Probablemente piensan que, al amparo de la cortina de agua, otros canes accederan a su territorio: como cuando tu mujer se va sola a la discoteca.
Besos y abrazos a todos y todas. Sigue lloviendo. Espero que escampe.


