jueves, 31 de mayo de 2007

MERCADOS



El Dios-Emperador de los Rastafaris. Que nos guíe. Un saludo normal por la mañana:
-¡Wayo, how are you?!
-Good. I'm blessed -es la respueta.
Estoy bendecido. Me imagino que la bendición provendrá de ese tipo pintado en el muro, ese fresco, podríamos decir. Que las siga repartiendo. Puedo que pronto me toque a mí, la bendición.

Y si lo consigo, si me bendice el Emperador, podré dejarme rastas, no lavarme el pelo y tener por fin la excusa perfecta para calzarme un gorro de lana que me tape esta tonsura mía, católica integrista, querámoslo o no.

Lo más divertido del día, aparte de ver cómo la lluvía deja de caer durante unos instantes y aparece un sol de justicia, son las visitas a los mercados. Hay uno que prácticamente está sobre el agua, construido sobre pilares anclados en el río, a la manera de Bankgok. Es muy difícil hacer fotos dentro porque hay que utilizar flash y, ya sabéis, se mosquean. Por cierto, el pescado fresquísimo y no huele nada, pero nada. Espero que saber sí sepa. Las únicas tomas que he podido sacar son las de los ferrys llegando con los compradores. Por cierto, la medida de obligarles a utilizar chalecos salvavidas debe de ser reciente, porque se quejan sistemáticamente. Supongo que, primero por el calor y, segundo, por la cantidad de gente que se pone y se quita el mismo chaleco. Deberían hervirse los salvavidas después de cada paso del río.





























Y después, a comprar. (Tengo un problema con la escritura en este extraño formato de blog: yo escribo a vomitonas, como me va saliendo y aquí tengo que detenerme cada dos por tres para subir las fotos, que ya he dicho tardan la intemerata; después o se me olvida o me aburre lo que tenía que decir; espero que sepáis disculparme). A comprar:






























Bueno, precisamente éstos no son los que compran: son los que se ponen en un lateral del mercado, como expresamente dispuesto para ellos, a pedir limosna, o tabaco. Suelen estar los más tirados pero no los más locos, que demuestran muchísimo mayor empeño en mezclarse con la gente.

No está muy claro, porque es muy jodido llevar la cámara colgando y tirar fotos a la buena de dios; lo mejor que te puede pasar es que te salga mucho, mucho cielo y te haga contraluz. Los negros al contraluz son imposibles de iluminar: ya se quejaba Nestor Almendros de tal hecho. Tendremos la oportunidad de ver muchos más contraluces de esos, de los que te obligan a mover la pantalla del ordenador para obtener un poquito más de brillo, un reflejo menos. I'm so sorry.



Si os fijáis bien, si la textura os permite fijaos bien, al fondo hay un rasta (el último tipo que se ve): es mi cerillero y ya hemos logrado saludarnos a su estilo, que no es fácil. Se trata de chocar puño contra puño, pero sin que los nudillos choquen sino que el nudillo de uno entre en el espacio internudillar del otro; jodido, realmente jodido y, por qué no decirlo, un tanto machihembrado el saludito. Este es el cerillero.




















Y muy cerca de él pace otro tipo que siempre está riendo, aunque nunca cambia de sombrero. Los dos están a cualquier hora en el mercado (deben vivir allí; lo sigo en serio: el mercado funciona las veinticuatro horas del día.





















Y junto a ellos alguien que no necesita descripción; tal vez no se aprecie muy bien el tocado, pero merece la pena hacer un esfuerzo visual y escudriñar; pensad también en lo que piensa cada mañana el tipo al salir de su casa.
Y lo mismo podría decirse de toda la galería de personajes que expongo a continuación. Son gente de mercado, eso es todo. Probablemente, a su manera felices.
















¿Qué coño vende el tío de aquí abajo? ¿Alguno podrías decirlo?














Pero nada de asustarse. También hay sitios chic para comprar: el siguiente es un lateral del mercado muy concurrido por los pijos: hay ropa de marca para todos los gustos, aunque mayoritariamente proveniente de sus colecciones deportivas o inspiradas en el deporte.





Aunque, para mi gusto, la tienda más elegante de todas, y creo que en Fallas le darían un premio, es la siguiente. Huele a sándalo, a curry, a otras especias que no se nombrar y a perfume, intenso, de las dependientas.

















Y si hemos empezado con un Dios-Emperador, ¿por qué no terminar con otro? Es la única estatua que he visto en Georgetown (aunque dicen que hay otra). Se trata, creo, del dios de los camareros y camareras, incluidos los de los establecimientos fast-food.


Es horripilante, ¿que no?
Como véis, cada vez más fotos y menos chicha. Estoy en calma idem. Todo llegará. Besos para todos. Hasta mañana.

Ciao.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Advocaciones

Hoy voy a escribir, y vosotros a leer, bajo la advocación de unos dioses indostanos, paquis, supongo, que presiden el templo rosa que ya he mostrado otras veces. Creo que son cuatro dioses (pero el de la fláuta me mosquea un huevo, quizá sea el mismo repetido).
















Es imposible, Hoy es imposible. Llevo hora y media para subir a la red lo que habéis visto: me desespera, me agota. Aún así, no me acobardo (todavía) y voy a intentar subir los cuatro diosecitos prometidos.

















Otra media hora para estas dos. The fucked gods se resisten a ser vacilados. Yo soy el que no me resisto a mostraros dónde trabajo. Del cuento, avergonzado, ya hablaremos.

Acogedor, ¿verdad? Bueno, mañana, si la red no lo impide, más. Aunque... ¿qué más da una hora más que menos. Os enseño a un tipo que es todo un señor. Lo prometo.







Besos y abrazos. Mañana será una entrada acojonante. Siento lo de hoy, pero, como a los toreros, el tiempo no me ha acompañado.

martes, 29 de mayo de 2007

Anocheceres




























Al anochecer me siento en la mecedora y, mientras imagino que hago abdominales, contemplo el cielo. El que estáis viendo vosotros, más o menos; todas las fotos han sido tiradas desde la terraza o el porche, o la veranda (en castellano en el original), que diría Conrad. Pero hoy... llueve. Y de noche y lluvia es de lo que quiero hablar hoy en el relato a vuelapluma que llo días prometiendo.
Antes, sin embargo, animaré la fiesta con algunas fotos, que sé que muchos lo único que miráis son los santos. Como ayer hablábamos de ciudad fantasma, hoy me he dedicado a tratar de retratar gente. Es difícil, muy difícil. He tenido una bronca de órdago con un rasta que se había enpeñado en que le había hecho una foto a él y a sus dos burritos (asnos). En medio del mercado, a gritos, me decía que le fotografiara su culo (él decía ass). Yo insistía en que no era cierto, que no le había hecho ninguna foto y era verdad. La cosa ha llegado al punto de que un abogado espontáneo ha exigido que mostrara las últimas fotos que había tirado para salir de dudas. Lo he hecho. La verdad ha quedado patente. El rasta sonreía y sólo decía "next time, next time",q ue no sé si era una amenaza o una invitación. Sea como sea, me las he apañado para ir robando fotos (se trata de llevar la cámara colgando de la muñeca y apretar el botón cuando crees que puedes obtener algo; se desperdicia mucho, claro, pero hoy la técnica lo hace menos oneroso).
GENTE.












Fiajos en el pelo de ese señor: a mí me da envidia. Los viejos visten como los jòvenes, sin complejos, al contrario, con orgullo. No es una forma de vestir, es una forma de soñar. I like it. Lástima que no hayan salido todas las que he pretendido tirar. Y ahora meto una "artística", que podría utilizar Compay Segundo en la portado de alguno de sus álbumes, si me la pide antes de que yo muera.














¿Es artística o no? Para el que opine que está desenfocada, que se lo haga mirar y no hay otro sitio como el siguiente:














Seguimos con gente: hoy nos vamos a dar una jartá de gente (siempre robadas, tenedlo en cuenta)
Éste también me pilló, pero pasaba de todo. Acercase a su casa es un gozo para los marihuaneros: a todas las horas del día el humo sale de su casa tanto como él, que no para: todo el santo día entrando y saliendo como si fuera a hacer algo. ¿Lo hace? No, evidentemente. Bueno sí: entra y sale, que no es poco.






















La de rosa es una señora que acaba de salir del oficio religioso y todavía tiene el tímpano penduleando, vibrando. Pero volverá al próximo oficio, con esa fatal resignación de los religiosos.

¿Queréis ver a un iluminado de verdad? Ahí viene:











Alá es Alá y Mahoma su único profeta. Sin reparos. ¿Por qué no? Yo estoy dispuesto a creerlo en el nombre del innombrable. La larga lista de los nombres de dios. Como para acudir al Un, dos, tres... responda otra vez. Para los judíos creo que tiene 99 nombres y no sé si todos impronunciables o sólo uno de ellos lo es. Es igual. El cielo es acogedor mientras tengas suerte aquí en la tierra.
Sin embargo, nuestro amigo es simplemente un taxista; quizá tenga tiempo de recitar los innumerables nombres de dios, pero al final se acuerda siempre de cobrar de bill.









Taxistas, como todo lo demás,hay para todos los gustos. Fíajos si no en el siguiente.
















Orgulloso como pocos de su toyota.
Sólo un poquito más de gente, un poquito, que sé que he hecho una promesa:







Pero, para marcar bien la diferencia, los indostanos:siempre tan elegantes, tan formales, tal y como debe de ser. Gente de fiar, excepto para comprarles cualquier tipo de mercancía.















Lo siento, pero hoy tampoco va a poder ser. Estoy avergonzado, en serio, pero no puedo. Dejo el blog para última hora, para entretener las horas finales del día y no andar persiguiendo mosquitos y a la hora de escribir en serio se me viene el mundo encima.
Sólo voy a adelantar, como si de una técnica de publicidad se tratara, que el relato es un hecho real que le sucedió a mi amigo C. y que me lo contó en una noche como ésta, de lluvia y viento furiosos, casi huracanados, en la cabaña de un rasta en Cahuita, en la selva del oriente costarricense, en la provincia de Limón. Recuerdo que la estructura de la cabaña temblaba, palpitaba con cada golpe de tiempo, pero eran vibraciones duras, asentadas, apretadas por la tierra, vibraciones potentes, firmes, pero seguras, como las de la polla de un adolescente.
Hasta mañana, chicos y chicas. Un beso.

lunes, 28 de mayo de 2007

Sunday, bloody sunday

Estoy seguro de que añoraré las noches de Georgetown; y no cuando, dentro de algunos años mire las fotos, no; sino en cuanto las deje, en cuanto me aleje de ellas. Sus estrellas tan cercanas, como ya dije ayer, tan estrellas, con sus puntas, cinco o seis (que eso va en gustos), su olor especiado de las cenas de los vecinos, los aullidos de los canes (que se contestan unos a otros también, como ya veremos) y su temperatura: puedo estar en la terraza en bañador sin tener calor (ni frío). Las echaré de menos.
Y sus mañanas. Hoy me han despertado los gallos a las cuatro menos algo. Faltaban más de dos horas para amanecer. Ni siquiera una rodajita de aurora se veía hacia el este. Y ya cantaban. Los gallos guyaneses son muy inseguros y dos horas antes ya se están preguntando uno a otro la hora. Y lo peor es que se contestan (como los perros).
Además, hoy ha sido domingo. El viernes cantó Al Muecin desde el minarete. El sábado escuché oraciones judías desde la sinagoga. Y hoy... hoy era el fin de fiesta. Desde todos los puntos cardinales llegaban cánticos: desde el "Down to the river to pray" al Glory, glory, aleluya, pasando por unos acalorradas coplas indostanas que, por lo menos a mí, siempre me dan ganas de comer ese pan tan rico que no se cómo se llama, pero que se parte en múltiples pedacitos cuando intentas hacerte con un triangulito (se desmoronan mucho más que las hostias). Los domingos en Georgetown son el copón bendito, nunca mejor dich0.
El resto de la ciudad, una ghost town. Ni un alma; todas las almas alimentándose en los centros de oración, en las reposterías del espíritu (que es que no sé cómo llamarlas), en las gasolineras de ganas para el resto de la semana de trabajo y poca paga.
Ésta es la catedral de St. George, que ya os enseñé el otro día (the largest wooden building in the world) y esa gente que está a la puerta, no os creais que se está escaqueando; tan sólo espera a que un incauto pase por allí para llamar su atención y "obligarle" con oleadas de mantequilla a entrar al oficio; supongo que será anglicana.
Ésta ota gente sale del oficio paquistano, I guess, del templo que tengo justo a cincuenta metros de casa. Todo un orgullo del arte oriental.
Y éste es el templo del que salen esas benditas. Lo bueno de este país es que hay para todos los gustos y, encima, los domingos todo el mundo se viste a su gusto para ir a la iglesia.

Éstas señoras también van a la iglesia vestiditas de domingo. ¿No me digáis que no conmueve? Para todos los gustos como en la viña del Señor.














Como era un bloody sunday, como cualquier europeo en mis circunstancias, he ido a la playa. Ya sabía, y vosotros también, que no es una playa como para pasar el día pero aún así, esperaba que el domingo tuviera algún visitante que otro. Lo siguiente es todo lo que he encontrado. Dos bañistas y ni siquiera juntos; separados.















La verdad es que tampoco es tan extraño, si tienes en cuenta que, a mitad del paseo marítimo, a mitad del seawall te encuentras con un obstáculo que te impide continuar el paseo y... ¿sabríais decirme para qué fin? Yo no he logrado averiguarlo.


Estas piedras amarillas interrumpen el paseo. Es un misterio, aunque estoy seguro de que alguien alguna vez le habrá encontrado un sentido. Sobre todo a pintarlas. Debe ser por adaptabilidad, para los ciegos, para que no tropiecen. Como podéis ver, y ahora os lo mostraré con mayor detalle, los bancos de después de las rocas están vacíos. Lo peor es que, los de antes de las rocas, también.





Bueno, chicos y chicas, mme tengo que despedir porque los mosquitos me están breando. Y sólo en los tobillos y pantorrillas, qué curioso.
Ya sé que había prometido un relato a vuelapluma, pero la pluma no ha volado, esperemos que mañana vuele bajito como gallina. De las rodillas para abajo, soy una pura erupción; de las rodillas a la cintura un muerto; de la cintura al cuello puro músculo; del cuello a la coronilla un vago redomado.
Besos y abrazos.

sábado, 26 de mayo de 2007

La Osa Mayor








Jamás había visto la Osa Mayor tan cerca; en realidad, creo que nunca había visto la osa mayor, a pesar de que a mi padre le decía " que sí, que sí, que la veo" cuando me la señalaba. Hoy ha vuelto a llover, con furía, pero a ráfagas, nada como para mantenerte en vilo (parezco el hombre del tiempo).
Este señor demuestra que poco importa la lluvia si la necesidad de información te atrapa. Dios nos libre.

Hoy va a ser muy corta nuestra comunicación: I'm actually tired. Pensaba escribir una anéctoda de la que me he acordado al son de la lluvia, escribirla así, a vuelapluma; es muy interesante, y divertida. Pero estoy cansado, muy cansado. Mañana será, lo prometo.
Tan sólo os voy a dar un consejo para llegar hasta aquí. Del vuelo Europa-América nada hay que decir: Miami, Nueva York, Caracas, los tres son puntos de itinerario practicables y cada cual que elija la compañía con la que quiera volar. Los problemas comienzan al planificar la segunda parte del itinerario. Por ejemplo, si alguien tan bien intencionado como yo no os avisara, quizá querrías volar con Surinam Airlines, aunque sólo fuera por su exótico nombre. La siguiente imagen os dará una idea para que podáis elegir con pleno conocimiento.







Esta es la sede principal de Surinam Airwais en Georgetown, una compañía de toda confianza; garantizo que sus empleadas son amables y dignas de elogio, sobre todo dignas: hablan y se comportan como si estuvieran en el piso 7o de la sede de Continental. Del señor no puedo decir mucho pues parecía mudo.

Puedo también enseñaos, para no resultar tan cortante, algunas fotos que necesitan poca explicación.





















Así es como viven los más pobres en las afueras de Georgetown, aunque deberéis reconocer que, si lo miras con sosiego, tampoco está tan mal.



















Y así es como dicen ahora que vivían antes. ¿Vosotros notáis la mejora?
Y finalmente para mis chicas, la casa soñada:



Con su rosita y sus cristales. ¿No me digáis que no es ideal?








Y ahora un puestecito de cáctus porque sé que hay gente a la que les gustan los cáctus.




















La siguiente no necesita explicación. Lo importante es que el pelo no se moje.

Al final me he animado y os voy a meter un cuento y todo. También se sitúa en Dominicana y, aunque hay algunos pasajes en jerga dominicana, creo que lo único que es necesario aclarar es que tanto Marión como Piantini son dos barrios de la capital<, Flomar es una especie de gran almacen, también en la ciudad de Santo Domingo.
FREDDY
Adolfo Puerta
Como ya han pasado las horas más calientes, Fredy Jiménez aprovecha la parada en un semáforo para doblar la toallita sudada y guardarla en la gavetita del salpicadero de la voladora. Cuando termine se la llevará a su novia; al despedirse, ella le entregará otra toallita, limpia, para mañana. La quiere. Coño, hermano, y cómo la quiere. Si la quisiera más le darían temblores y hasta es posible que los labios se le pusieran morados al verla. Claro, que ese amor verdadero no implica la mortificación del resto de los sentidos, y así se lo hace saber Fredy a su propia conciencia cuando descubre en una esquina a una india clara y culona con el dedo penduleando en busca de lo derecho.

-¡Marión, belleza!

La belleza se demuestra entrando. Más aún si la belleza entra junto al chofer. Ahí, además de demostrar, la belleza muestra. ¿Y qué muestra? Fredy repasa. Muestra sus piernas, mamá. Parece mentira que un par de piernas que se han de comer los gusanos den estas ganas de llorar. Para no hablar de sus pechos. Soportar esos pechos requiere más temple del que repartían cuando bautizaron a Fredy. ¿Y la sonrisa? Ven acá: esa sonrisa te va a seguir despertando empapadito aún cuando cumplas sesenta. La sonrisa.

-Mire, chofer, ¿si yo le pago dos pasajes, usted me lleva a Piantini?

-Y a Puerto Rico, mi amol.

Entusiasta, Fredy mete segunda, pone la radio y gira a la derecha para tomar Lincoln... simultáneamente. De las llantas del carro surgen elegantes chirridos y Fredy siente que todas las personas que esperan en la esquina le observan como si fuera a batear. Lástima que el único que no ha previsto esta fina maniobra sea un camión de Pollo Cibao que volaba bajito como gallina. El camión, diz que manejado por San Cristobal, esquiva de milagro a la voladora de Fredy, sólo para terminar empotrándose (los milagros caducan) contra una banderita muy resuelta. Habría que haber censado todo el aforo de la guagüita para saber las madres que se mentaron en aquel día. Baste decir que, mientras el carrito frediano se alejaba coqueto por la avenida, en la esquina de Bolívar y Lincoln, apenas un chofer esgrimió su llave de tuercas, salió a relucir toda la ferretería.

-¿Y cómo es que tú te llamas? -pregunta Fredy saliendo de su ensimismamiento.

-Filgia -dice Filgia sin dejar de mirar al frente.

-Ooooyeme, eso es nombre de ciclón.

-Será, pero este ciclón no va a girar con usted.

-Ay, mami, no se me adelante, que a mí me gusta más despacito.

-Antes pare, si puede, chofer.

-Pero, bella, ¿tú no sabes que el viernes está empezando?

-Y es fácil -dice Filgia, simulando bobería-. Yo no sé las cosas de la capital.

-¿De dónde es que eres tú, Filgia?

-Mire, qué vivo, se aprendió el nombre. Soy de Bonao... ¡Aquí, aquí!

La bella Filgia señala el edificio de Dominicana de Cable. Fredy, resignado, detiene el carro y suspira. Siempre queda el último cartucho.

-¿Y qué tú vas a hacer ahí? ¿Anunciar Brugal?

-Soy secretaria bilingüe. Voy a una entrevista. Bay, bay.

-¡Y yo voy a estar en ese colmadito de enfrente para felicitarte! Te voy a estar esperando -grita Fredy con la cabeza fuera de la ventanilla.

-El que espera, desespera -resume Filgia con brillantez.

-Pero tú vienes...

-¿Veldad?

El otro signo de que las palabras de Fredy han sido escuchadas es el incremento de un grado o grado y pico en el radio de oscilación de las carnes duras de la india. En billar diríamos que la bola ha cogido el efecto.


Ya va cayendo la tarde, en tardecita se está quedando, y Fredy contempla con melancolía el último trago de ron que cubre el fondo del pote. Ese es el trago que hay que beber de un golpe, con indiferencia hacia el pasado de abundancia y con esperanza en el futuro proveedor; o también se puede beber mientras, con la mano en el bolsillo, cuentas si te da para otro. En realidad, bien poco importa cómo te lo bebas con tal que sea de un buche.

Junto a Fredy, un grupo de tigritos juega en un video de póker; los muchachos pasan, envidan o revocan con una soltura que transmite certeros y veloces cálculos de posibilidades. Fredy también anda en cálculos financieros; lo que pasa es que lo hace a una menor velocidad como consecuencia del síndrome Barceló dorado. Por ejemplo, nuestro Fredy tiene que decidir si edulcora su espera ingiriendo un segundo pote, lo cual, sin duda, acentuará el cuadro médico que exhibe y, además, lo dejará sin suficientes cuartos para invitar a Filgia, o bien se reserva y se pone tristón y hasta un tanto arisco, con lo que lo de Filgia se viene abajo de todos modos. Sin embargo, no es ese su mayor problema. Lo que más le preocupa es que ni siquiera esas reflexiones para-financieras le vienen seguiditas. Por el contrario, se le interrumpe el flujo numerosas veces. Porque es que Fredy es poeta, condición que el alcohol suele exacerbar, y cuando bebe tiene la costumbre de interrumpir sus pensamientos con comerciales en rima. Verbigracia, Fredy piensa: "si llevo a bailar a Filgia a Extasis, me quedarían quince pesos; voy a calcular". Y, de repente, sin quererlo, le entra el comercial: "Para calcular, voy a Flomar". Coño, reconocerán que es una desgracia tener una estructura mental basada en el pensamiento lógico-anunciativo.

-Un pote no -piensa Fredy-, pero te puedes permitir un traguito... Con picadera y en Exquesitos... ¡Coooooño... esta cabeza!

Lo que les digo, una desgracia. Pide un trago sin pensar. Pero, como todo el mundo sabe, las desgracias nunca vienen solas.

-No brindamos tragos, hermano.

Debilitado en su resolución y como de hecho ya no estaba pensando, Fredy no tiene más remedio que subir la apuesta; las palabras le salen solas, a voces.

-¡Un pote y que me cambien las mujeres!

Si algo tiene el ron por encima del resto de los destilados etílicos es la esencia accesible, tan accesible, de los cuartillos. Alguien ve un potecito de romo sobre una mesa y es como ver a una mujer menuda sonriendo desnuda sobre una roca. Invita. Cosa que, a pesar de los spots, Martini nunca ha hecho. El cuartillo, como la solitaria menuda, es algo que, a pesar de los largos instantes que te proporciona, se nos desliza fugaz sin apenas culpa. Y no esos grandes botellones de whisky o de ginebra, coño, que sólo con verlos, aunque después los bebas, te obligan a comprar, ya de regreso, un juguetito de a peso para tu hijo.

Fredy, más feliz, mira de vez en cuando el mosáico caprichoso que forman las ventanas iluminadas del edificio del Cable. ¿Habrá salido ya? Mira que estaba buena la muchachita. Y de nuevo el bajón. Down. No tienes estilo, Fredy. Lo que te falta es estilo. Pero, si ha dicho que saldría, será que va a salir. ¿Qué estará haciendo el hijoputa entrevistador? Así me gustaría a mí entrevistar, viernes y de noche. Así se las ponían a Felipe Segundo. Hasta a Trujillo se las pondrían así.

Se siente francamente desanimado. Ya no eres el que eras, Fredy. O, por lo menos, ellas no son las que eran. Cualquiera de las dos interpretaciones está jodida.

Otro trago hasta que salga la luna. Y la luna está saliendo bien blanquita de Dominicana de Cable. Despacito hacia la esquina de enfrente, hacia el colmado, ilumina el boulevard con el brillo agresivo de un videojuego. Fredy se peina en un acto reflejo. Va viniendo.

-¡Unas mentas, rápido, que va a llover! -le pide al pulpero.

Con aliento renovado, es el momento de pensar en la postura en que recibirá a la hembra. Puede hinchar el pecho, como las fregatas. Puede recostarse en la silla y agitar las llaves del carro. Puede apoyar los codos en la mesa y poner mirada soñadora. Puede, tal vez, exhibir todo el sufrimiento de la espera desesperada. Elige, por fin, una mezcla de sufrimiento y ensueño, de resignación y expectativa, entre los vapores de la menta. Se repeina. Relaja los músculos de la cara y trata de licuar sus ojos. Está viniendo Filgia, se para en la esquina, va a cruzar la calle... agita el dedo y se detiene un moto-concho. Filgia levanta una nalga, después, como es lógico, levanta la otra y se sienta como señorita en la trasera. El motor arranca, hace una ese para calibrar su nueva carga y se aleja. La oscuridad se traga a la luna.

Fredy se descompone por un momento y, con la rapidez de los supervivientes, piensa en su novia. Ahora llegará a su casa y luego saldrá de ella con una toallita limpia para mañana. Que será sábado.
Un beso a todos. Hasta mañana.